lunes, 5 de julio de 2010

Soldados de Fortuna

Es 5 de Julio de 2010, son las 6:50 a.m., un lunes soleado, caluroso, húmedo, principiaba y hacía anticipar una semana de similares características.


Tras enfundarme el mono de trabajo coger el armamento y aprovisionarme de munición he salido camino a la base. Había pasado el fin de semana limpiando y mimando cada uno de esos “artilugios” que en momentos como estos se vuelven tus mejores aliados de la manera más cruel y ortodoxa posible según la “ley” de la supervivencia, pues pueden salvar tu vida a costa de arrancar la de otros. Sabía que tenía que estar preparado.


Como cada día, debía encontrarme en la base, con el resto del equipo, a las 8:00 a.m.


Al pisar la calle, un sol intenso hizo encoger mis pupilas hasta el punto de cegarme durante unos segundos. Cerré mis ojos con fuerza y tardé un tiempo en volverlos a abrir: las pupilas más pequeñas y los ojos entornados y cristalinos, como compungidos de la dura e interminable guerra que habían estado presenciando y viviendo estos últimos meses.


A mi llegada al cuartel todo era como siempre, aunque el cansancio y la incertidumbre se refleja cada día más en la cara de mis compañeros, que como yo, continúan luchando por salir “INVICTUS” de ese desánimo que se hace más fuerte a costa de los días y la otras batallas psicológicas.


Uno de los compañeros está de permiso, ocasión que aprovechará para reponer fuerzas que luego transmitirá al resto del equipo. Esto es una de nuestras grandezas LA UNIDAD. Cuando a algunos de nosotros se nos acaba el oxígeno siempre aparece alguien para cederte su botella, y dado el caso, sus pulmones si fuese necesario


Debo decir que el equipo humano reúne unas condiciones insuperables, y es lo que nos mantiene con vida.


Desconozco quién ganará la guerra ni cuándo terminará. Eso ya no depende de nosotros pues todos sabemos que estos movimientos se tejen a unos niveles políticos y burocráticos que seguro ninguno de nosotros alcanzaríamos a entender.


Lo que sí puedo decir es que quizá cuando alguien de aquellos dé la orden de que así sea, puede que muchos de nosotros ya no estemos allí para verlo.


Por otra parte, llámalo pundonor, entrega, lealtad, nobleza, o quijotismo, pero después de todo lo sufrido, luchado y peleado, la victoria sabe mucho mejor. Yo quiero ser uno de esos soldados que queden en pie junto a mis compañeros al final de la guerra, abrazarme a ellos, levantar el puño en señal de triunfo y gritar victoriosos…

COMPAÑEROS: HEMOS GANADO LA GUERRA!!!


Por todo ello, por lo luchado, lo ganado, por lo que seguimos luchando y lo que queda por ganar, por vuestra calidad humana y profesionalidad…yo os nombro: ¡Soldados de Fortuna!

2 comentarios:

  1. Gran reflexión amigo. Es más, la sensación más agria es la de vivir en una época mezcla entre los reyes absolutistas y el despotismo ilustrado. Somos trabajadores, las cosas nos afectan pero no decidimos. Hablamos pero no se nos oye. Solo podemos esperar y usar nuestro derecho al pataleo. Lo bueno es que siempre está en nuestra mano hacer que la historia se reescriba.
    A ver qué pasa.

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