martes, 6 de julio de 2010

Sueño o Vigilia

Nunca os habéis despertado sobresaltados a medianoche, con el pulso excitado, los pulmones hiperventilando y el corazón latiendo taquicárdico con la sensación de acabar de haber vivido uno de los más emocionantes e intensos momento de tu vida?


Qué sabías palabras las de Descartes cuando manifestaba en sus teorías las explicaciones que justificaban las dificultades del ser humano para distinguir entre la vigilia y el sueño. Descartes lo justificaba diciendo que, durante el sueño, una barrea psicológica llamada censura, que por el día y durante la consciencia hacía las funciones de aduana y cribaba aquellos pensamientos que todos guardamos en lo más profundo del subconsciente, abría sus puertas y sus orificios permitiendo traer y pasar a la consciencia todo pensamiento sin distinción alguna. Por supuesto entre estos se encontraban aquellos que nuestra sabia conciencia tan bien había mantenido encerrados; como temores, miedos, fobias, traumas, inseguridades, recelos, odios, envidias, manías, pero también pasiones, amores, obsesiones, sentimientos, emociones, etc.


Gracias a ello muchas noches a lo largo de nuestra vida hemos podido ser grandes héroes y villanos, minuciosos asesinos perseguidos sin tregua, pero también románticos donjuanes a los que no nos temblaba la voz y siempre encontrábamos la frase más ocurrente en el momento más oportuno. Hemos muerto y resucitado cientos de veces, sobrevolado parajes naturales e imaginarios que dudo que podamos reproducir o explicar, revivido inolvidables momentos ya pasados, tanto los buenos como los no tan buenos, incluso hemos tenido la oportunidad de volver a abrazar y besar a aquellas personas que nos dejaron, o decirles aquellas cosas que en su día no pudimos o supimos.


Y es que los sueños son un regalo extraordinario, primero porque no sabes lo que te deparan, así que te acuestas cada noche y puedes pensar: “qué ciudad visitaré hoy” o si estás lejos de tu pareja puedes susurrarle al teléfono en tono cariñoso:“luego te veo mi amor, soñaré contigo esta noche” y segundo y para mí mas importante porque en muchos de ellos, si tienes suerte y estás profundamente dormido, no llegas a distinguir la vigilia del sueño, esto es, no sabes si estas despierto o soñando.


Qué bonito es estar dentro de un sueño sin saber que realmente lo es, la única pega es que ese momento se acaba. Muchas veces esa angustia vale la pena para el recuerdo que te acompañará durante los posteriores días o por el contrario alivie el dolor que hayas estado soportando si se ha tratado de una terrible pesadilla.


Pero a pesar de que los sueños muchas veces los confundamos con la realidad debemos tener presente que no son más que espejismos e ilusiones que nuestro subconsciente impulsa a la consciencia, pues como bien cita Calderón de la Barca en su obra “La vida es sueño”:“ ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

lunes, 5 de julio de 2010

Soldados de Fortuna

Es 5 de Julio de 2010, son las 6:50 a.m., un lunes soleado, caluroso, húmedo, principiaba y hacía anticipar una semana de similares características.


Tras enfundarme el mono de trabajo coger el armamento y aprovisionarme de munición he salido camino a la base. Había pasado el fin de semana limpiando y mimando cada uno de esos “artilugios” que en momentos como estos se vuelven tus mejores aliados de la manera más cruel y ortodoxa posible según la “ley” de la supervivencia, pues pueden salvar tu vida a costa de arrancar la de otros. Sabía que tenía que estar preparado.


Como cada día, debía encontrarme en la base, con el resto del equipo, a las 8:00 a.m.


Al pisar la calle, un sol intenso hizo encoger mis pupilas hasta el punto de cegarme durante unos segundos. Cerré mis ojos con fuerza y tardé un tiempo en volverlos a abrir: las pupilas más pequeñas y los ojos entornados y cristalinos, como compungidos de la dura e interminable guerra que habían estado presenciando y viviendo estos últimos meses.


A mi llegada al cuartel todo era como siempre, aunque el cansancio y la incertidumbre se refleja cada día más en la cara de mis compañeros, que como yo, continúan luchando por salir “INVICTUS” de ese desánimo que se hace más fuerte a costa de los días y la otras batallas psicológicas.


Uno de los compañeros está de permiso, ocasión que aprovechará para reponer fuerzas que luego transmitirá al resto del equipo. Esto es una de nuestras grandezas LA UNIDAD. Cuando a algunos de nosotros se nos acaba el oxígeno siempre aparece alguien para cederte su botella, y dado el caso, sus pulmones si fuese necesario


Debo decir que el equipo humano reúne unas condiciones insuperables, y es lo que nos mantiene con vida.


Desconozco quién ganará la guerra ni cuándo terminará. Eso ya no depende de nosotros pues todos sabemos que estos movimientos se tejen a unos niveles políticos y burocráticos que seguro ninguno de nosotros alcanzaríamos a entender.


Lo que sí puedo decir es que quizá cuando alguien de aquellos dé la orden de que así sea, puede que muchos de nosotros ya no estemos allí para verlo.


Por otra parte, llámalo pundonor, entrega, lealtad, nobleza, o quijotismo, pero después de todo lo sufrido, luchado y peleado, la victoria sabe mucho mejor. Yo quiero ser uno de esos soldados que queden en pie junto a mis compañeros al final de la guerra, abrazarme a ellos, levantar el puño en señal de triunfo y gritar victoriosos…

COMPAÑEROS: HEMOS GANADO LA GUERRA!!!


Por todo ello, por lo luchado, lo ganado, por lo que seguimos luchando y lo que queda por ganar, por vuestra calidad humana y profesionalidad…yo os nombro: ¡Soldados de Fortuna!