Nunca os habéis despertado sobresaltados a medianoche, con el pulso excitado, los pulmones hiperventilando y el corazón latiendo taquicárdico con la sensación de acabar de haber vivido uno de los más emocionantes e intensos momento de tu vida?
Qué sabías palabras las de Descartes cuando manifestaba en sus teorías las explicaciones que justificaban las dificultades del ser humano para distinguir entre la vigilia y el sueño. Descartes lo justificaba diciendo que, durante el sueño, una barrea psicológica llamada censura, que por el día y durante la consciencia hacía las funciones de aduana y cribaba aquellos pensamientos que todos guardamos en lo más profundo del subconsciente, abría sus puertas y sus orificios permitiendo traer y pasar a la consciencia todo pensamiento sin distinción alguna. Por supuesto entre estos se encontraban aquellos que nuestra sabia conciencia tan bien había mantenido encerrados; como temores, miedos, fobias, traumas, inseguridades, recelos, odios, envidias, manías, pero también pasiones, amores, obsesiones, sentimientos, emociones, etc.
Gracias a ello muchas noches a lo largo de nuestra vida hemos podido ser grandes héroes y villanos, minuciosos asesinos perseguidos sin tregua, pero también románticos donjuanes a los que no nos temblaba la voz y siempre encontrábamos la frase más ocurrente en el momento más oportuno. Hemos muerto y resucitado cientos de veces, sobrevolado parajes naturales e imaginarios que dudo que podamos reproducir o explicar, revivido inolvidables momentos ya pasados, tanto los buenos como los no tan buenos, incluso hemos tenido la oportunidad de volver a abrazar y besar a aquellas personas que nos dejaron, o decirles aquellas cosas que en su día no pudimos o supimos.
Y es que los sueños son un regalo extraordinario, primero porque no sabes lo que te deparan, así que te acuestas cada noche y puedes pensar: “qué ciudad visitaré hoy” o si estás lejos de tu pareja puedes susurrarle al teléfono en tono cariñoso:“luego te veo mi amor, soñaré contigo esta noche” y segundo y para mí mas importante porque en muchos de ellos, si tienes suerte y estás profundamente dormido, no llegas a distinguir la vigilia del sueño, esto es, no sabes si estas despierto o soñando.
Qué bonito es estar dentro de un sueño sin saber que realmente lo es, la única pega es que ese momento se acaba. Muchas veces esa angustia vale la pena para el recuerdo que te acompañará durante los posteriores días o por el contrario alivie el dolor que hayas estado soportando si se ha tratado de una terrible pesadilla.
Pero a pesar de que los sueños muchas veces los confundamos con la realidad debemos tener presente que no son más que espejismos e ilusiones que nuestro subconsciente impulsa a la consciencia, pues como bien cita Calderón de la Barca en su obra “La vida es sueño”:“ ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”
Je, je, je… Recién bloguero! Bien! Soy Raúl, el diseñador del curso del Camon. Lo estamos pasando bien, ¿eh?
ResponderEliminar